Durante estas vacaciones lejos de la universidad y del trabajo con mis padres, el ocio, aburrimiento y rechazo por mi mismo no pierden tiempo en atormentarme desde que despierto -gracias a la alarma de mi celular- hasta el momento en que me recuesto sobre mi cama y permanezco inconsciente. He comparado mis actividades con las de mi perro.
Ni reírme de mi mismo es bueno, despierto, desayuno, pierdo el tiempo, siesta, perder tiempo, siesta, cena, pierdo el tiempo, duermo.
“Sal con tus amigos”, dirán algunos, pero carajo, siempre es lo mismo, ya me he hartado de tomar sin descansar, hablar de las ultimas féminas que han entrado en nuestras vidas, ir a festivales de música que duran un día entero donde las bandas mas conocidas (y otras no tanto) nos hacen perdernos a golpes en el Slam, ir a ensayos con cualquier banda, ver películas, caminar y platicar al mismo tiempo, fumar en el pasto, asistir a obras de teatro, leer un libro, hablar por teléfono, sentarme en una banca en el centro de la ciudad, regañar a los empleados, hacer ejercicio –que mucha falta me hace-, ir a la tienda, inclusive salir a mi bar favorito.
Maldición, he caído en un circulo vicioso, una sistematización, una dependencia, no lo puedo creer. Ahora parece que el día es noche y viceversa, antes soñaba que dormía, ahora vivo este sueño durante el día.
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Vida subterranea
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