Sabado ocioso
0:17 | Author: Ellery Hackett
11:54 AM

Me encuentro pensando en aquel cuadro que sucedido aproximadamente a las seis de la mañana.

Ayer, mi padre trajo a casa una gata, sus rayas negras le dan la imagen de un pequeño tigre de bengala.

Es muy agresiva, no gusta socializar con sus siete compañeros, por lo cual siempre busca un rincón donde echarse a dormir o un camino solitario en el patio para pasearse, se cree diferente a los demas. Pero hoy su recorrido le regalo dos heridas en su pata trasera izquierda, pues, al intentar adentrarse al patio delantero, mi perro -un rottweiler- la detecto y fue tras ella logrando lastimarla. Afortunadamente escuche a tiempo su aullido de dolor, pidiendo auxilio temerosa por su vida.

Logre sostener al perro para que la gata huyera, pero le costara unos días recuperarse, la curiosidad casi mato al gato.

¿Pero que estoy pensando? Esto es síntoma de un derrame cerebral, pero hoy no hay nada que hacer, tal vez deba tomar un videojuego y perderme un rato en la televisión tratando de manejar un mundo virtual, así como quiero manejar el mundo real a mi antojo, pero como es imposible, me conformare con los juegos.

Ah, ¡demonios! Tengo el Play Station, pero ¿en donde esta el maldito cable? No puedo conectarlo al televisor, estupido cable.

Llevo veinte minutos buscando aquel jodido pedazo de hule, creo que jamás lo encontrare aquí, ya he buscado en toda mi habitación, inclusive en el librero. Que tontería buscar en el techo.

¡Ya se! Iré al sobreruedas, aun queda tiempo y ahí siempre encuentro estas cosas, además me hará bien caminar un poco, pero quiero evitar cualquier contacto humano, hoy no amanecí de buen humor como para siquiera mirar a una persona a los ojos, pero si me quedo aquí moriré en una laguna de mi propio vomito cerebral, no puedo dejar que eso pase, necesito dejar de pensar en cualquier cosa, el videojuego es la solución.

Agarro mi cartera y reviso el dinero disponible. Quinientos pesos es demasiado, no gastare mas de cien.

Pero tal vez se cruce un buen vendedor de licor en mi camino, entonces necesitare mas dinero para comprar una botella de Jack Daniel’s.

Salgo de mi casa en dirección al mercado, todo parece tranquilo, el sol me molesta pero podré soportarlo, aun tengo un poco de cansancio por lo sucedido dos días atrás, pero puedo caminar todavía la larga distancia que me espera impaciente gracias al tiempo. Mientras camino me encuentro varios rostros conocidos, pero ninguno de ellos me saluda, ni yo los saludo. Así es mejor, no quiero hablar en estos momentos, ya es suficiente con tan solo mirar sus rostros llenos de expresiones fingidas, no expresan lo que piensan, lo que sienten solo se ve reflejado en la nada de sus actos.

Después de diez minutos estoy a punto de entrar en una cueva toxica, llena de arañas, algunas de ellas cargan consigo a sus crías, pequeñas arañitas que aprenderán de su madre lo mas básico para sobrevivir como todo buen arácnido, y después, dejaran a su madre para formar su propia telaraña y atrapar moscas, pues es lo único que aprendieron a atrapar. Después vendrá una nueva generación de insectos a los cuales deberá enseñar a tejer y comer mosquitas.

Quince minutos rondando entre tantos caminos, pero aun no encuentro ningún puesto donde se venda por lo menos un par de pilas, poco a poco pierdo las esperanzas de encontrar el dichoso cable.

Es cierto, aun no reviso las calles que están cruzando aquel canal, seguramente podré encontrar algo ahí.

Me doy media vuelta y de nuevo inicio mi trayectoria subiendo una loma donde se encuentran todavía algunos puestos, la gente es abundante, pero no hacen nada mas que mirarse unos a otros tratando de encontrar algo que comprar entre las rocas. Me entretengo observando mi propia sombra, sintiendo como el viento empuja mi cara y revuelve mis cabellos tapando mis ojos.

Mientras miro los hombros de aquella deforme negrura, una mano se interpone.

-Túmbate con todo lo que traigas –me dice un adolescente de aproximadamente trece años mientras sostiene una navaja en su diestra.

Lo miro por algunos momentos. Esta nervioso, tímido, probablemente es la primera vez que asalta a alguien, su brazo extendido completamente delata que sus camaradas aun no le han enseñado correctamente como acercarse a alguien y despojarlo de sus pertenencias, además, entre tanta gente, que de todos modos no harán nada. Yo crecí entre esos, los “malandros” del Florido, aprendí a defenderme como toda su manada, aprendí a quitarle el bolso de las manos a las personas que no se defienden, y ahora, se que este muchacho tiene miedo de hacerlo.

-¿Qué vas a hacer si no lo hago? –un poco solemne le respondo.

No emite palabra alguna, me mira fingiendo rudeza pero ya olí su miedo. Con la mayor rapidez en mi persona sujeto su brazo mientras atino en asestarle un puntapié detrás de su rodilla, ahora uso mi brazo derecho y con un golpe en la nariz termino por someter al pequeño bandido, que, como si pidiera perdón tira el arma. Pero no he terminado, así que sujetándolo logro tirarlo al piso y mantenerlo ahí, con mi pie empujo la navaja hacia mi, la tomo rápidamente. Le he hecho un favor, tendrá una nueva nariz.

-Ama, lo va a matar –dice un niño a su madre mientras los dos observan atentos.

-No hijo.

Deberías matar a tu madre mocoso, finalmente es ella la que permite que tu de grande seas igual a esta arañita. Tal vez cuando tú tengas trece podrás evolucionar a algo más, si te das prisa.

Las personas permanecen en circulo, mirando, quieren algo de que hablar, desean una telenovela en vivo, corta y con final trágico, están cansadas de las series de Televisa.

Mis ojos buscan desesperadamente ver el carmín de su sangre, mi nariz aspira profundamente, mis labios se separan como si estuvieran presentando ante el publico los colmillos de mi perro que aquella misma mañana intento asesinar a la pobre felina.

El deseo de ver un orificio en su cuello se vuelve tan intenso que siento los colmillos crecer de mis encías, dispuestos a probar el liquido que tarde o temprano será renovado dentro de el mismo, o terminara por secarse en las entrañas de algún cementerio. Comprendo entonces lo que sintió el can cuando ataco a la gata, ese sentimiento de superioridad que yo mismo le he negado. Pero ellos a mi no me han negado nada, yo tengo el poder de decidir si vive o muere.

¡Ahí vienen aquellos!

Giro mi cabeza, a mi izquierda vienen tres de esas cosas, corriendo para ayudar a uno mas de su especie, lejos, pero no tardaran en llegar. Mas arañas dispuestas a matarme, empuñan tubos metálicos y dos de ellos sostienen un cuchillo de cocina.

Si corro no llegare lejos, tengo que dejar de fumar.

Mi superhéroe llega de repente, de la nada, Batman en su batimovil sale de una calle cercana, esta a mi derecha. Un golpe de suerte nunca se desprecia, pero no terminaría así.

Si no quieres problemas, PENDEJO, no andes haciendo chingaderas.
Si, debo hacerlo, el arruino mi búsqueda, tiene que pagar, parcialmente, pero algo sera.

Empuño la navaja con fuerza y hago una cortada en la mano que sostuvo antes que yo este objeto, una cicatriz le recordara que esto sucedió en verdad, no fue un sueño, me aproveche de su propio miedo.

Corro a mi salvador dando las gracias por no tener que soportar mas a esta gente, nadie intenta detenerme, soy libre. Lo alcanzo, acomodo un poco mi cabello y me subo al batimovil, al parecer no alcanzo a ver nada.

-¿A dónde va compa?
- Al huracán
-Los cholillos se andan peleando ¿verdad?
-¿Sabe en donde puedo conseguir un cable para Play Station?
This entry was posted on 0:17 and is filed under . You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

0 comentarios: