22:26 | Author: Ellery Hackett
Malagueña Salerosa

Que bonitos ojos tienes


debajo de esas dos cejas,


debajo de esas dos cejas


que bonitos ojos tienes.



–"Yo solamente soy tu puta", es lo que le dije.
–No solamente a ustedes les pasa, a nosotros también. Algunas veces nos toman como dinero.

El tema me tiene harto, si, pero tratarlo cuando de verdad se necesita de un poco de inteligencia sobre los sentimientos es difícil en muchas ocasiones y, por lo tanto, vale la pena. No me permití extenderme, no era necesario cuando no conozco aun la verdadera situación que vive con cierto fulano; así que me dedique a opinar deduciendo de lo poco que me ha contado, de hecho, también he optado por el silencio en algunas ocasiones donde al contarme sus vivencias yo expondría una desaprobación hacia ella.

Era media noche cuando Alejandra y yo nos encontrabamos en un café-bar disfrutando de las canciones “viejas” que interpretaban aquellas personas a cambio de una módica propina, el alcohol no era suficiente para satisfacer la inspiración que me otorgaron los sillones maduros y las paredes con pintura opacada por el paso del tiempo; agregándose a esto se podían observar las calles vacías solo acompañadas por el frío que se colaba entre las ventanas igual de achacosas. El lugar era perfecto para mí.

Los tragos comenzaron a visitar agresivamente mis conexiones neuronales, los clavos que empezaban a saltar de mi bota derecha hacia la planta de mi pie eran una molestia desmesurada. Pasaron los minutos entre las canciones, después de pedir la cuenta salimos del lugar ya algo borrachos y tomados de la mano, aquello para nada era una situación cariñosa, era una situación simplemente normal.

No conté las cuadras que recorrimos, caminar de puntita con el pie atacado por los afilados metales era tan fastidioso como soportarlos clavándose en mi piel. Pasamos entre varias personas de “llamativa” imagen, para mi no era algo fuera de lo común y al parecer tampoco para ella, pero otros conocidos no vacilaran en señalarlos.

Cruzamos la calle, el peligro comenzaba a olerse desde varias cuadras abajo y mis ojos ya afectados por el astigmatismo y la cerveza no eran lo suficientemente hábiles para detectar alguna anomalía cercana a mis alrededores, era de nuevo guiado por la ceguera.

Entre faldas cortas, bolsas llenas con lubricantes y abundante maquillaje nos detuvimos frente a una pared terrosa que mostraba a sus pies unas escaleras de concreto que nos guiaron hacia un pequeño inframundo donde la música de The Beatles, olor a marihuana y un ambiente familiar que hacia mucho que no sentía eran un espectaculo reconfortante, estábamos en Zacazonapan, un bar donde con toda libertad acuden personas para retirarse de la clasica figuracion de un antro, cafe y bares casi exclusivamente para hombres, “ponerse grifos” o bien “pericos”, y si no encuentras algo para tu gusto puedes optar por un hielo.

Platicando sobre el lugar anterior, el ambiente y situaciones que se dan en el Zaca llego un sujeto preguntando si queriamos un "gallo", habia olvidado lo que significa en terminos coloquiales de aquellos rumbos, decidi no experimentar, despues ella me recordo que se referia a un "churro de mota". Luego de aquello, un vaso con tequila llego imponente frente a mi, el sujeto que atiende menciono que en treinta minutos cerrarían, Alejandra me dijo que tomaría la mitad de aquel tequila si primero lo hacia yo, así que tome dos limones y extraje el juego hacia mi boca para después sorber aquel prodigioso liquido dorado, ella opto por mezclar lo sobrante con un poco de cerveza, no era una buena combinación, al momento de tomarlo se levanto y fue al baño, lo demás es historia.

Después de escuchar algunas canciones de The Doors salimos del bar aun mas borrachos y tomados por la espalda, avanzamos tambaleándonos entre mujeres despampanantes que con una fraudulenta lujuria miraban a los transeúntes. El hambre se hizo presente, la razón se me estaba escapando y no dude mucho en comer en un puesto ambulante, ella pidió algo para “llevar” y sin tener nada de mi gusto preferí acudir a otro puesto donde otro sujeto con guitarra en mano cantaba junto con los clientes, me adicione a esto, lo estaba disfrutando, eran aquellas actitudes “prohibidas”, malvistas por la mayor parte de la sociedad las que me hacían liberarme de las mascaras de la vida diaria, el deseo de nuevos retratos para observar y formar parte. Después de comer algo y de maltratar aun mas mi enferma garganta la mire un poco, mi voz ya entorpecida era algo que no escuchaba hacia algunos meses.

–Te voy a confesar algo –le dije mirándola-, ¿te dije que me gustaban los labios en una mujer?
–Si –me dijo ella de inmediato-.
–Los tuyos me gustan.
–¿Si? –dijo acercándose mucho a mi boca-, esta bien.

Dicho aquello, bajo su cabeza y comenzó a reírse, yo también me reí de lo sucedido, esperaba aquella reacción de su parte y se lo hice saber, después menciono algo que no pude comprender y volvió a acercarse, esta vez consumo completamente la aproximación con sus labios. Probablemente no fue algo que debió suceder, era seguro que el alcohol si tuvo efecto en los dos.

Después de acompañarla hasta el lugar donde pasaría la noche nos despedimos, tome rumbo hacia mi querido hogar mientras en el camino recibí un mensaje de ella, le conteste diciéndole que había pasado una buena noche con su compañía. Terminada mi noche acompañado de la malagueña salerosa; todo el camino estuve atado y con miedo, no podía pensar en otra cosa: ¿cómo demonios podria dormir con tan fuertes mareos?, es lo malo de las borracheras.

Foto: Fer. Y lo tengo que decir, esos ojos tuyos me cautivan, ¿si, y que?
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